El absurdo en la cultura granadina y los botellones de leche

Vengo dándole vueltas a la cabeza un post sobre este tema desde hace tiempo, y es que la cosa lejos de mejorar solo hace empeorar día a día. La cultura libre en Granada está muriendo. Probablemente, y mejor dicho, la estamos dejando morir.

Si os fijáis en los últimos 7 años, los únicos de los que tengo referencias personales, la cosa ha cambiado mucho. Aún recuerdo la primera vez que pasé por el PlantaBaja. Acababa de llegar a Granada. Recién había encontrado piso y solo conocía el local por las menciones que se hacían de él en Radio3 o en el denostado RockStar de Los40. Un sitio mítico donde los haya. De pura casualidad y en una de las primeras incursiones para tantear el terreno, me topé con él. Justo el día anterior había habido un concierto de Migala (Para el que no lo conozca ya sabe lo que tiene que hacer. Pasaron por este no-grupo musical de lo mejor de la música española de la época. Desde Abel Hernández, más tarde Emak Bakia y El Hijo, a Nacho Vegas o a aquel bajista de Los planetas llamado Kieran).

No me lo podía creer. Uno de mis grupos preferidos acababa de estar en la ciudad, y la lista de conciertos del curso crecía y crecía hasta culminar en unos sublimes REM. Esto verdaderamente no deja de ser algo anecdótico. O no. He visto pasar por Granada desde a The Eagles, Chuck Berry, Dream Theatre, Billy Preston (el quinto Beatle!), pero también a Raimundo Amador tocando en una tasca, espectáculos de magia amateur en un bar cutre y conciertos improvisados en garajes que querían ser locales de ensayo.

Qué nos queda de aquella ciudad donde se respiraba cultura por los rincones. Cultura de verdad. De esa con mayúsculas. La que puedes encontrarte en el bar de la esquina sin esperartelo. No hablo de la cultura concertada por los poderes políticos y financieros de la ciudad o de nuestra queridísima Comunidad Autónoma. El panorama de la cultura en Granada ha quedado reducido a un grupúsculos de festivales y espacios subvencionados por Alhambra, la Junta de Andalucía o CajaGranada, porque para qué vamos a hablar de nuestro querido ayuntamiento que olvidó lo que era la cultura hace mucho mucho tiempo…

No estoy en contra de la cultura subvencionada. Estoy en contra de las perversiones de lo políticamente correcto. ¿ No tenéis la sensación de haber oído una y otra vez los mismos grupos, los mismos artistas año tras año y exposiciones diferenciadas solo por la localización de las mismas? No hace falta que os hable del fenómeno de las élites locales, ¿no?

Un extracto del blog de Juan Freire (Biólogo, profesor universitario y emprendedor.)

Pero si es seguro que en el resto de ciudades españolas, las ciudades intemedias, no existen, o son muy reducidas, estas clases altas verdaderamente globales. Esta elite es sustituida por una parte de las “clases altas” y “medias-altas” que tratan de vivir también, a su modo, una “cultura Wallpaper*” local basada en el consumo de productos culturales financiados por las instituciones públicas y para-públicas de todo tipo (como muchas fundaciones o cajas de ahorros). Los gestores culturales, trabajando bajo esas directrices políticas, prefieren adquirir productos de consumo cultural que les den una aparente legitimidad global, aunque estén totalmente desconectados de los intereses de sus vecinos y de la mayor parte de públicos potenciales, que trabajar en producciones más discretas y humildes pero con un verdadero potencial transformador en lo local, tanto cualitativa como cuantitativamente.

Va siendo hora de ser responsables y reclamarle a las instituciones que apuesten por la cultura de verdad. Tanto para niños como para adultos. Basta ya de la cultura de la conveniencia económica del momento.

Pero probablemente el culmen del atentado contra la cultura y una socialización alternativa sean iniciativas tan peligrosas como las que permiten los sinsentido como el que encabezan la entrada. La mil veces mencionada Ordenanza de Convivencia está poniendo su granito de arena para que Granada se convierta en el furgón de cola de la cultura, con una vuelta al pasado en el recorte de libertades, pero con un público en su mayoría pasivo.

Os dejo con el documental que salió en su día en contra de la ordenanza. (Disfrutad de sus últimos minutos y de la improvisación de los artistas callejeros…)

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El Delito del Arte